lunes, 5 de diciembre de 2011

Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) un triunfo del Socialismo


Un triunfo del Socialismo venezolano ha sido la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que se dio gracias al liderazgo de Hugo Chávez Frías en el bloque geopolítico que desean respeto y autonomía en cada uno de sus países y la no injerencia de los Estados Unidos y dejar a un lado la doctrina Monroe amenazas e intervenciones. Dando una muestra fehaciente de que en la Republica Bolivariana de Venezuela tenemos plena democracia y creemos en el pluralismo ideológico.
 Gracias a ese liderazgo del presidente Chávez fue posible reunir en este evento a todos los Estados de nuestra América, diversos no sólo en términos ideológicos sino también en relación con sus intereses y compromisos con los poderes fácticos transnacionales. Es una virtud de cara al futuro considerando que tenemos dentro de nuestras fronteras prácticamente todos los recursos que podamos requerir para el funcionamiento de nuestras economías y el bienestar de nuestros pueblos, siempre que la cooperación y la complementariedad sean las premisas que orienten nuestras relaciones económicas. Demostrando a los pueblos del mundo que mientras en Europa y en Estados Unidos se derrumba el muro financiero, en Latinoamérica se reúnen para dialogar sobre el desarrollo y avance político, económico y social a través de la filosofía
El CELAC debe configurarse expresamente como un bloque geopolítico para dejar definitivamente en el pasado la doctrina Monroe y vacunarnos contra golpes gorilas y agresiones militares de potencias foráneas; debe ser la voz del Sur ante el resto del mundo y, especialmente, debe reflejar en forma diáfana la voluntad de las masas que hoy la conforman y la impulsan.
En Nuestra CELAC el Sur es un espacio geopolítico es -comparado con el Norte- el que conjuga la mayor suma de rasgos identitarios unificadores, como ya lo apuntaba Bolívar en la Carta de Jamaica definiéndonos como “una sola nación”. Todos los países latinoamericanos y del Caribe comparte la misma idiosincrasia, las mismas costumbres caso contrario con los del norte o Europa  Si comparamos la identidad cultural de ciudadanos estadounidenses oriundos de Seattle, Honolulu y New Orleans, encontraremos muy poca afinidad más allá de la que se desprende de los condicionamientos de la sociedad de consumo. Lo mismo se evidencia en el caso de la “Unión” Europea, donde un portugués, un húngaro y un lituano, no comparten ni siquiera el idioma. Por el contrario, en el Sur todos somos mestizos, somos hombres y mujeres de maíz, igualmente privilegiados por nuestras maravillas naturales e igualmente condenados por nuestro rol periférico en el sistema mundo capitalista. Nuestras amenazas son las mismas, nuestra fortaleza, como reza nuestro himno nacional, está en la Unión.
La demostración dada por los Presidente de estos países es dada por una madurez histórica, que nuestro subcontinente tiene hoy pueblos y gobiernos que expresan valientemente su voluntad de superar el viejo sistema interamericano frente a élites conservadoras que se abstienen de emprender cualquier iniciativa contrapuesta al régimen de la OEA. Por tal motivo, institucionalizar la CELAC y consolidarla como instancia libre del neocolonialismo estadounidense son objetivos estratégicos de supervivencia y bienestar que requerirán la acción de una mayoría categórica de naciones que implante la nueva Comunidad de Estados con jerarquía plena.

El logro de los objetivos trazados dependerá, en buena parte, de diseñar una estructura jurídico política que le otorgue a la CELAC las facultades vinculantes de una organización de Derecho Internacional propiamente dicha; ya que así podrá materializarse un nuevo sistema de normas que sustituya a la anacrónica Organización de Estados Americanos (OEA) donde la presencia de Canadá y el injerencista Estados Unidos contradice los reales intereses latinoamericanistas.

Todo indica el inmenso desafío que encara el bloque regional de naciones progresistas para lograr, ahora en el siglo XXI, los propósitos unitarios del Congreso Anfictiónico de Panamá (1824) protagonizado por Simón Bolívar; pues tal como aconteció en aquella época, el Imperialismo Yanqui y sus infames siervos locales siguen siendo los mayores enemigos a vencer.
El camino no debe quedar en retorica. Más debe profundizarse en la lucha por crear una conciencia nacionalista en cada país que trascienda el bloque geopolítico para defendernos de cualquier ataque del imperio, quienes no se quedaran de manos cruzadas. Para ello debemos poner el acento en los temas que afectan en forma directa la vida de nuestros pueblos. En lo simbólico, el establecimiento de un nuevo discurso político y mediático que nos autodefina ya no como periferia sino como un emergente centro de poder geopolítico dentro de un nuevo orden mundial multipolar. En lo político, impulsar mecanismos concretos de intercambio regional para que nuestros pueblos se autodescubran en sus coincidencias y similitudes. En este ámbito debe priorizarse el turismo intrarregional de interés social y los intercambios académicos y culturales. También a lo interno de cada país podemos impulsar la producción de contenidos para una nueva industria cultural del Sur, más cerca de nuestras raíces auténticas y cada vez más lejos de la potente influencia de Hollywood. Para esto último una medida de corto o mediano plazo pudiera ser poner a disposición de nuestros pueblos una frecuencia para disfrutar de TeleSur y la Radio del Sur en señal abierta. Adicionalmente una línea aérea de bandera CELAC para transporte de pasajeros y carga por todo el continente, nos liberaría del yugo de las corporaciones transnacionales que monopolizan estos sectores. De este modo le abriríamos las puertas al intercambio cultural y el desarrollo económico de todos nuestros países.

Aporrea. Por: Enrique Paredes* 
Fecha de publicación: 05/12/11

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